Peleador de chico, alegre y corajudo por siempre, médico y presidente de Chile, todo esto y mucho más es Salvador Allende. Sí, es, está presente. Incorporó en su vida conocimientos de cada rincón de su país y edificó ideales, ya desde joven, en su Valparaíso natal.
“A todo vapor con Salvador”, fue la consigna de sus viajes en tren por Chile en sus vías de enseñanza y vida, verdaderos caminos del desarrollo humano. Una vez en el poder popular, los campos rediseñaron su imagen y comenzaron a desalambrarse. Un modelo nuevo de transición al socialismo era su fin. Pero los camiones apocalípticos sirvieron de llegada al infierno. La paloma fue bajada de un piedrazo por la CIA y por los militares chilenos al mando del dictador Augusto Pinochet.
Su golpe electoral había sido a la conciencia, cómo alguna vez dijo el escritor Volodia Teitelboim. Su casa, su residencia, fue una pintura del viraje de Chile. Luego del golpe de Estado de 1973 funcionó como un centro geriátrico a la orden de la Fuerza Aérea chilena. A cien años de tu nacimiento, Chicho, tú sacrificio no fue en vano.
Buena es la ocasión para recomendarles el trabajo de dos compañeros. Desde aquí se invita a pasar por el sitio chileno OtraPrensa!, para darle forma a la realidad y conocer como trató el país andino este acontecimiento. Además, inspirado en uno de sus temas para el título, 1973, les presento la poesía del joven trovador Pablo Merletti.


4 comentarios:
El pensamiento de Allende entronca con la realidad latinoamericana de hoy, en el sentido que se viven procesos democráticos (con naturales dificultades, claro) que conducen a sociedades más justas y humanas. Y es por eso que muchos en el SUR seguimos creyendo, nada ha sido en vano.
Sinceramente agradecido por la recomendación, Beto.
Un abrazo
Buena Roberto!
Muy buen post. Realmente algo interesante que expones a tus lectores. Saludos
Notable artículo: necesario, oxigenador. Susbribo, además, lo del lector Luis Cuello.
abrazo
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