domingo 26 de agosto de 2007

Por éste pago la entrada - Franck Ribery

Sangre, sudor y lágrimas.

Nacido en la ciudad francesa de Boulogne-sur-Mer, la misma donde murió El Libertador de América José de San Martín, Franck Ribery es un futbolista distinto, ajeno al mediático mundo del marketing. Ya desde su rostro dañado por un accidente automovilístico muestra su diferencia con los demás.

Fue criado en un barrio donde el porcentaje de desocupación es de aproximadamente un 60 por ciento. Su padre trabajaba en la construcción, era un modesto albañil. Fue con él que a los 2 años sufrió un accidente de autos, que no solo le marcaría la cara con un tajo en la zona derecha, sino que también le cambiaría su forma de plantarse frente a los obstáculos de la vida. "De pequeño, se burlaban de mí y me escondía a llorar en un rincón. Pero eso me ha endurecido y ayudado en la vida. Jamás me haré la cirugía estética. Si no, ya no sería yo", sentenciaría ya de adulto.

De la escuela de la calle, a los 13 años ingresó al centro de formación del club OSC Lille, pero debido a problemas en el colegio fue expulsado del internado, y tuvo que regresar a la casa de sus padres. Tras un breve pasó por el club Olympique Alès, el pequeño Franck decidió trabajar ayudando a su padre en las obras de construcción. Después, ya en 2003, fichó por el Stade Brest de la tercera división francesa. “En ese equipo empecé a trabajar en serio“, afirmaría el jugador.

Tras destacarse en el Brest, pasó al Metz de la primera división, y luego emigró al poderoso equipo turco de Galatasaray.
En la progresión de su carrera, sus cualidades técnicas se iban perfeccionando, siempre nutridas de ese empuje instintivo y nato.

Medio año le alcanzó para ganarse a los hinchas turcos. Fue apodado "FerraRibery" por su espectacular velocidad en ataque con o sin pelota, y obtuvo la Copa de Turquía en 2005, derrotando al tradicional rival de Galatasaray, Fenerbahçe.

Luego de una salida conflictiva del equipo de Estambul por un inconveniente salarial, el joven francés recaería en el Olympique de Marsella. El quiebre en su carrera se produciría. Figura y estandarte del equipo de la ciudad más sanguínea y futbolera de Francia,
Ribery es convocado por la selección de su país para participar en la gira previa al Mundial de Alemania 2006 y, tras una buena actuación, a participar del campeonato.

Allí, se convirtió en una de las figuras de la Copa del Mundo, y llegó a la final del torneo como una de las armas fuertes de Le Blues. Finalmente, Francia pierdió la final por penales, y Ribery pasó a ser uno de los jugadores más codiciados por los poderosos del viejo continente.

Al concluir la temporada 2006/07, el 7 de junio de 2007, el Bayern Munich alemán confirmó oficialmente el
fichaje de Ribery. Cerca de 25 millones de euros pagó el equipo bávaro por el francés, y de esta manera se convirtió en el fichaje más caro de la institución y de la Bundesliga.

Ribery es musulmán. Se convirtió al Islam al casarse con Wahiba Belhami, una francesa de origen argelino. Con Wahiba tiene una hija y algunos vaticinan que su conversión a esta religión se gestó en su pasó por Turquía. Hoy,
es una figura representativa del credo musulmán en el mundo.

Los aficionados galos, como a algunos jugadores argentinos,
le realizaron un blog.

Nacido el 7 de abril de 1983, a los 24 años es un jugador que no se lo reconoce como se lo tendría que hacer, debido a su perfil bajo y poca relación con la prensa. Desde la punta derecha o izquierda, con la roja del Bayern o la azul de Francia, sin embargo él sigue demostrando su talento con cada gambeta en la corrida disparatada hacia el arco. La vida de Franck Ribery sin duda ha estado marcada por el sacrificio.

La pequeña historia de Ribery, entreverada con su fintas y goles:

jueves 16 de agosto de 2007

Textos hurtados

EL FÚTBOL

La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rajo, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez. El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía. Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.

[Galeano, Eduardo, El fútbol a sol y sombra, Buenos Aires, Catálogos, 1995]

viernes 10 de agosto de 2007

Vuelve la loca coherencia

Los locos siempre dicen la verdad, por eso se los encierra (¿?).

El 4 de septiembre de 2004 la Selección Argentina le ganaba a Perú en tierras incas por 3-1. Para esa fecha ya habían pasado casi dos años de la frustración que provocó la participación en el mundial asiático, pero se mantenía el director técnico en el banco, es decir, Marcelo Bielsa. Tiempo después, la "falta de energía" sería la razón para que el rosarino leproso dejara su lugar vacante. Se iba con él la coherencia, un estilo de juego (que particularmente no me gusta) y una manera de trabajo admirable, un extremo detallista. Ah, y también esa rica locura.

Bielsa es un técnico que jamás se pondrá un casete repetidor de frases hechas, desde su alto nivel de dominio de palabras intentará exprimir la pelota en conceptos que enriquezcan al deporte. Admirador del holandés Louis Van Gaal, experimentó un sistema rígido en posiciones con un latiguillo propio que se vio en cada partido. Su equipo salía a ganar y presionar al rival ya sea de local contra Venezuela -jugó con dos defensores en las Eliminatorias para el Mundial de Corea/Japón- o en el Olímpico de Roma ante Italia -una recordada victoria-. Diré que hay formas y formas para ganar un partido, pero él
no caía en la frase veleta "nosotros salimos a ganar en cualquier cancha".

En el día de hoy todos los medios dan por hecho la llegada del Loco a la Selección de Chile. En buena hora la vuelta de este personaje. Podremos ver a su equipo para seguir convenciéndonos que esa forma de jugar no es la nuestra (¿cuál será la nuestra en estos días?), y que Bielsa lo único que hizo en la Selección fue perder en primera ronda un Mundial. Sin lugar a dudas el fútbol gana con este pasional hombre, así como ganaría si viéramos en actividad a Carlos Bianchi, por ejemplo. La loca coherencia cruzó la Cordillera de los Andes, y nosotros aquí hemos perdido esa condición que escasea en los DT nacionales. Su debut, sin contar amistosos previos, será en el Monumental contra Argentina...