Si hay un continente azotado en el mundo, ese es el africano. En estos días, en Ghana, se está disputando la Copa Africana de Naciones. Entre el 3 y 4 de febrero se jugarán los cuartos de final del torneo, que tiene en esa instancia al local, Nigeria, Costa de Marfil, Guinea, Egipto, Angola, Túnez y Camerún. Un sin fin de hechos rodea a la competición. Los países del continente negro son dirigidos por, en algunos casos, gobiernos dictatoriales, o sus gobernantes responden a los intereses europeos, es decir a los ex colonizadores. Ex hasta un punto. También las guerras étnicas confluyen de la mano de la extrema pobreza. En este panorama el fútbol se puso a rodar.
En el día de hoy el delantero estrella de Camerún Samuel Etto pasó a ser el máximo artillero en la historia del torneo y las noticias tomarán mayor trascendencia cuando la final se acerque. Cuesta creer que en medio de tanta desolación se juegue al fútbol en esas tierras, pero la felicidad no tiene precio, cómo muchos otros sueños que los nenes africanos tienen en sus cabezas, como semejarse a Didier Drogba, a Michael Essien o a Obafemi Martins. La competición merma el clima de lucha constante y desvía las miradas, para saber que luego todo continuará. En la edición del año 2000, en Nigeria, hubo planteles detenidos en cuarteles militares, declaración del estado de sitio, apretadas a jugadores, represión a los hinchas y prohibiciones de baño, según señala un artículo en el blog del periodista Pablo Aro Geraldes. También, una nota de Ezequiel Fernández Moores en el espacio de La Nación nos muestra los gigantes contrastes, la extirpación que sufren los países africanos por parte de los clubes europeos, el trato que padecen los chicos e incontables datos que hacen crecer a la nota. Una mínima alegría tendrá alguna nación el 10 de febrero, el día de la final, todo gracias a ese fútbol que descansa en medio de la jungla.
En el día de hoy el delantero estrella de Camerún Samuel Etto pasó a ser el máximo artillero en la historia del torneo y las noticias tomarán mayor trascendencia cuando la final se acerque. Cuesta creer que en medio de tanta desolación se juegue al fútbol en esas tierras, pero la felicidad no tiene precio, cómo muchos otros sueños que los nenes africanos tienen en sus cabezas, como semejarse a Didier Drogba, a Michael Essien o a Obafemi Martins. La competición merma el clima de lucha constante y desvía las miradas, para saber que luego todo continuará. En la edición del año 2000, en Nigeria, hubo planteles detenidos en cuarteles militares, declaración del estado de sitio, apretadas a jugadores, represión a los hinchas y prohibiciones de baño, según señala un artículo en el blog del periodista Pablo Aro Geraldes. También, una nota de Ezequiel Fernández Moores en el espacio de La Nación nos muestra los gigantes contrastes, la extirpación que sufren los países africanos por parte de los clubes europeos, el trato que padecen los chicos e incontables datos que hacen crecer a la nota. Una mínima alegría tendrá alguna nación el 10 de febrero, el día de la final, todo gracias a ese fútbol que descansa en medio de la jungla.


