EL DÍA QUE EL NEGRO EMBELLECIÓ AL LENGUAJE CON SU IMPRONTAMierda. Pelotudo. Carajo. Habrá que discutir si estas tres palabras de aquí en más no podrían forman parte de la retórica literaria argentina. Para evitar eufemismos innecesarios. En el marco del III Congreso de la Lengua, en Rosario, en 2004, estos vocablos exaltaron en carcajadas a los muchos presentes. Sus fundamentos se basaron en torno al humor nacional de Roberto Fontanarrosa. Humor nacional que sufrió una dura baja con su partida, el pasado 19 de julio, paradójicamente un día antes de la celebración del día del amigo. Es que Fontanarrosa, desde su pinta y sus libros, daba amistad. Él quería su recuerdo en la felicidad, en su humor sano.
"Las malas palabras reflejan una expresividad y una fuerza que difícilmente las haga intrascendentes", explicaba un distendido Fontanarrosa ante la mirada del presidente de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, justamente.
Fidel Castro, los revolucionarios cubanos y el Che, su coterráneo, tenían un problema casi tan grave cómo la amenaza del imperialismo: "Hay otra palabra irremplazable que es ’mierda’, y el secreto está en su contextura física, está en la r, porque es mucho más débil como la dicen los cubanos: ’mieLda’, que suena a chino, y eso yo creo que es otro de los grandes problemas que ha tenido la Revolución cubana, que es la imposibilidad de manifestar fuerza expresiva".
Fue una tarde noche que quedó en la retina de cada argentino, porque el Negro -una persona que no tenía enemigos, según sus inexistentes detractores- se lució con la impronta de barrio y calle, y sobre todo de libros.
Hubo tiempo también para argentinismos: "Hay palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza y por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza, que es un pelotudo".
Hubo tiempo también para argentinismos: "Hay palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza y por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza, que es un pelotudo".
En ese contexto el autor de innumerables cuentos que conforman al patrimonio nacional argentino, propuso "una amnistía" para las "malas palabras", y pidió cuidar de ellas e integrarlas al lenguaje y consideró que "las vamos a necesitar".
En el medio de un mar de risas y comentarios, el Negro explicó: "Hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de culpa que es carajo. Acá se llega al eufemismo de decir ’caracho’". En este punto advirtió la triste función de esos puntos suspensivos para reemplazar términos soeces. Ese día en Rosario, sin mayores análisis y conjeturas rebuscadas, sino con el corazón de lo espontáneo y natural, el Negro se fue al reverendo carajo e hizo lo mejor que supo hacer: despertar una sonrisa.
Algo más:
# Negro Querido (en Pelota(s) de Gol)
# La hinchada de Fontanarrosa (en Paredario)





