sábado 31 de mayo de 2008

Por siempre Diego

En Italia, en las escaleras del corazón de Nápoles, en 1984.

En Francia, haciendo el Hombre de Vitruvio de Da Vinci, como buen artista que es.

En Nápoles, en Cannes, en Buenos Aires, en cualquier lado. El asedio de la prensa a Diego Maradona no reconoce fronteras físicas ni temporales. La primera foto es de 1984, cuando el mejor jugador de la historia del fútbol mundial fue presentado en Napoli, en el estadio San Paolo, ante una tremenda multitud. La otra, la segunda, es de días atrás, cuando el 10 participó del festival de cine de Cannes, presentando un documental sobre su vida junto al director serbio Emir Kusturica.
Hace un tiempo pude comprobar en carne propia el amor que se le tiene a Diego en otras partes del mundo. Flavio, un joven italiano asqueado de su vida en el llamado Primer Mundo, se vino de vacaciones en el último verano para Buenos Aires. Nació en Bari, en el sur, pero trabaja en el norte, como muchos otros italianos sureños. Cada vez que hablaba de Maradona se emocionaba, al borde del llanto, cantaba, y sentía amor genuino por esa persona que hizo feliz a ese lugar de Italia donde hoy se vierte la basura proveniente del norte rico. Y lo recordaba por su fútbol, por sus gambetas, por su historia en la ciudad. No lo maltrataba por su vida privada, lo respetaba y lo contenía.
Sabido de su pasión por Diego y por el fútbol, lo invité a ver Amando a Maradona, una linda película en reconocimiento a la vida de novela del 10. Jugamos juntos un par de partidos y fuimos a la cancha del Deportivo Morón, chori y Coca de por medio, y se hizo amigo de mis amigos y partió junto a ellos a ver a su querido River en el Monumental.
Más allá de esta mínima relación que tuvimos con Flavio, que la primera vez que lo vi tenía puesta una camiseta del Deportivo Cali que le había regalado un amigo colombiano, hoy, cuando me acuerdo del Tano en algunas circunstancias, no me olvido de ese amor por Diego. Y no me olvido porque en el medio de la película, cuando Maradona llegaba al San Paolo, como lo retrata aquella foto, me dijo: “Vos me querés hacer llorar, ¿no?”.

Los dejo disfrutando un poco del arte de Pablo Coll, con Vengan a ver, su tema dedicado a Maradona. Nos leemos.

sábado 17 de mayo de 2008

"En vez de bajarles líneas a los chicos, hay que escucharlos, en sus nervios hay mucha información del futuro"

Un recital suspendido por mentes conservadoras y pacatas, como diría el Indio Solari, ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, propulsó a parte de sus ricos pensamientos en una conferencia de prensa en Olavarría, el lugar donde se iba a presentar la banda en 1997. Fue la única vez que el Indio brindó este tipo de encuentro, pero, con poquito, llenó de ideas a la realidad. Ahí va.

# La conferencia, en Mundo Redondo.

lunes 5 de mayo de 2008

Un gol en una tarde de domingo cualquiera

Damián Díaz pateó. La pelota se clavó. Media Rosario gritó. Y a ese pibe en la tribuna una lágrima le cayó. Se quería olvidar de ese día de mañana que le abre los ojos a las 7 para ir trabajar. Se quería olvidar de las peleas con su novia. Se quería olvidar de su querido Rosario Central y su (mal) presente. Se olvidó por un rato, más se alegró por otro, cuando el centro del Kily cayó adentro del arco. Ahí sonrió y sintió, y otra lágrima dejó caer. Por esos instantes todo fue alegría, nada lo impedía. Mañana estará un poco menos contento, aunque su Canalla ganó.

Sólo una imagen de Rosario Central-Racing, en una tarde de domingo cualquiera.

- En Rosario, según me han comentado, se dice que el gol del Kily González recibió una ayuda de una fuerza misteriosa. La mano del Negro Fontanarrosa habría cambiado la trayectoria de ese bruto centro que se metió en el arco de Hilario Navarro.

Por si no lo viste, aquí el gol.